ACERCA DE CANTERBURY


La ciudad antigua de Canterbury está rodeada en tres de sus lados por bosques, mar y costas. Canterbury no es sólo un lugar hermoso, sino también uno de los centros históricos más importantes de Gran Bretaña y Europa. Enmarcada por la impresionante catedral donde Thomas Becket fue brutalmente asesinado por los caprichosos caballeros de Enrique VI, cada pequeño rincón reboza de historia y ambiente, al igual que de una colección reluciente de manualidades, comercios, galerías y restaurantes, asegurando al visitante que no se aburrirá.

Canterbury es conocida en el presente como un centro de enseñanza. Es una ciudad universitaria que alberga a la Universidad de Kent y a la Universidad Christ Church, dando la bienvenida a miles de estudiantes cada año. A ello se suma la presencia de una importante comunidad de estudiantes extranjeros y una vibrante vida nocturna, con bares y restaurantes que atienden a una clientela cosmopolita.

El área tiene raíces prehistóricas y fue bien conocida por los romanos bajo el mando de Julio César en los años 55 y 54 a.C. Al poco tiempo, Canterbury -ya un asentamiento civilizado- se convirtió en una importante capital regional con conexión a los centros costeros comerciales y a la propia Londres. Quienes visitaban la ciudad en aquel entonces, se encontraban con baños romanos, templos, teatros y casas maravillosas.

Cuando los romanos dejaron Gran Bretaña, Canterbury hizo una temprana conversión a la cristiandad durante el reinado del rey Ethelbert y su esposa francesa Berta. San Agustín fue enviado por el Papa Gregorio para convertir a Gran Bretaña en el 597 a.C. y obtuvo un cálido recibimiento en Canterbury, donde la abadía de San Agustín recibió este nombre en su honor.

En el año 1066 la ciudad se rindió ante Guillermo El Conquistador, después de la Batalla de Hastings. La catedral fue reemplazada y agrandada por los Normandos, luego de que la afectara un terrible incendio. Fue aquí, siglos después, que el arzobispo Thomas Becket fue asesinado en 1171, después de una larga lucha de poder con el rey Enrique II. Becket creía en la independencia de la Iglesia frente al Estado, y esto finalmente provocó que el rey dijera: ¿Quién me librará de este cura turbulento? Cuatro caballeros se encargaron de hacerlo, de la forma más sangrienta, dentro de las paredes de la catedral misma, algo de lo que el rey se arrepintió amargamente más tarde.